
Occidente y la heteronomía
La heteronomía se define como el
comportamiento de una persona que siempre se ha de regir por condicionamientos
externos a sí misma y a su razón. Se trata de la incapacidad de una persona
para darse una norma de comportamiento por sí misma, por lo que siempre
necesita de alguien o algo que le esté marcando el camino que debe seguir.
Las
personas heterónomas realizan su vida dependiendo de un contexto, de una
sociedad o de una forma de vida.
Sabemos que en Roma nacieron las leyes y con
ellas la ciencia del derecho. Esto parece bien, pues las sociedades tienen
necesidad de ordenarse y de gobernarse. El problema aparece cuando las personas
hacen coincidir sus relaciones y sus formas de comportamiento con esas reglas
de una manera esquemática, que para ellas no existe otra forma de vida.
El
mundo occidental, que por cuestiones históricas tiene raíces romanas, ha
entrado en esta dinámica, es decir, deja que el comportamiento de las personas
sea reglamentado por las normas y por los códigos. No estamos en contra de
esto, pues una sociedad los necesita. Lo importante es superar esas leyes y
desarrollar criterios propios: no salir de las normas pero tampoco estar atado
a ellas.
Formas de Vida heterónomas
Las personas heterónomas se conocen por
que pasan toda su vida esperando que otras personas tomen las decisiones por
ellas. Esta situación crea un ambiente de infelicidad e insatisfacción, debido
a que no logran realizarse en la vida. Sus sueños quedan estancados, sus
ilusiones se mueren y sus vidas comienzan a ser vacías y sin sabor. Sólo les
queda el hecho de vivir a expensas de otras personas y de esperar a que ellas
les organicen el derrotero a seguir.
Hasta hace poco, en nuestras sociedades,
muchos padres de familia que dirigían las vidas de los hijos a su acomodo, les
imponían un estudio, una universidad, una carrera y hasta una pareja. Esta
situación permitió y permite reflexionar sobre la posibilidad que tenemos de
superar actitudes de vida dependientes y heterónomas.
Superación de la heteronomía
La forma de superar
un pensamiento ético heterónomo implica poner en acción nuestra razón, de tal
manera que seamos capaces de construir y de manejar nuestras vidas, claro con
la ayuda, la experiencia, el consejo de los otros, pero con base en principios
universales dados por la razón.
Kant y el nacimiento de la autonomía
Kant fue
el primer filósofo en determinar el comportamiento moral con base en la
autonomía, en total oposición a la heteronomía. Se trataba de fundamentar el
comportamiento de las personas con base en unas normas no impuestas desde
fuera, y cuyo comportamiento moral obedeciera a sus propios criterios y al buen
uso de su razón.
¿Por qué las personas reclaman su autonomía? Porque buscan de
manera anhelante su realización en la sociedad. Se trata pues de un proyecto de
vida en donde la autonomía no se ejerce para hacer lo que cada uno desee, sino
donde la persona es responsable y dirigida al alcance de ese proyecto de vida. Esta autonomía además se caracteriza por el buen uso de la tolerancia que permite
que algunos aspectos esenciales para el ser humano y para la sociedad, tales
como la religión, la política y la libre expresión, puedan ejercitarse sin
ningún temor. Sin embargo, de la tolerancia a la indiferencia hay sólo un
espacio muy pequeño, lo que puede conllevar a una indiferencia total, donde las
personas no se interesen en absoluto por las demás. Traspasar esta barrera
borra del todo la bondad del modelo de vida autónomo y con facilidad lleva a la
vergüenza, a la arbitrariedad y a la violencia.
Según Kant, “la autonomía de la
voluntad es el único principio de toda ley moral y de los deberes conformes a
esta ley. Por lo contrario, toda heteronomía del arbitrio no sólo no fundamenta
una obligatoriedad, sino que resulta contraria a su principio y a la moralidad
del querer”. Por lo tanto, de lo que se trata es de determinar los motivos
últimos de nuestro actuar moral y comenzar a descartar aquellos elementos que
se conviertan en agentes heterónomos. En nuestra actuación no deben intervenir
agentes externos ni motivaciones internas, para que sea posible la autonomía.
En definitiva, no debemos actuar siquiera para conseguir la felicidad, sino que
debemos actuar por puro deber. Sin embargo, es claro que cuando las personas
actúan por puro deber, se vuelven dignas de felicidad, lo que implica una
consecuencia de la actuación y no sólo la finalidad en sí misma.
Para Kant, la
ley moral debía ser de tipo formal, que se presentaba como un “imperativo
categórico”, que consiste en una ley cuya validez universal se da gracias a su
racionalidad. Para dicho imperativo categórico.
Kant establece tres
formulaciones
a) Obra (actúa)
de modo que la máxima de tu voluntad tenga siempre validez, al mismo tiempo,
como principio de una legislación universal.
b) Obra (actúa) de modo que
consideres a la humanidad, tanto en tu persona, como en la persona de todos
demás, siempre como fin nunca como simple medio.
c) Obra (actúa) de modo que la
voluntad, con su máxima, pueda considerarse como legisladora universal con
respecto a sí misma.
Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración? Immanuel
Kant
1. La ilustración es la salida del hombre de su condición de menor de edad
de la cual él mismo es culpable. La minoría de edad es la incapacidad de
servirse de su propio entendimiento sin la dirección de otro. Uno mismo es
culpable de esta minoría de edad, cuando la causa de ella no radica en una
falta de entendimiento, sino de la decisión y el valor para servirse de él con
independencia, sin la conducción de otro. ¡Sepere aude! ¡Ten el valor de
servirte de tu propio entendimiento! es pues la divisa de la ilustración.
2. La
pereza y la cobardía son la causa de que la mayoría de los hombres, después que
la naturaleza los ha librado desde tiempo atrás de conducción ajena
(naturaliter majorennes), permanecen con gusto menores de edad a lo largo de su
vida, por lo cual le es muy fácil a otros el erigirse en tutores. ¡Es tan
cómodo ser menor de edad! Si tengo un libro que piense por mí, un pastor que
reemplaza mi conciencia, un médico que dictamina acerca de mi dieta, y así
sucesivamente, no necesitaré esforzarme. Si sólo puedo pagar, no tengo la
necesidad de pensar: otro asumirá por mí tan fastidiosa tarea.

3. Por ello le es difícil a cada hombre individual salir de esa minoría de edad
casi convertida en su naturaleza. Inclusive le ha cobrado afición y por lo
pronto es realmente incapaz de servirse del propio entendimiento, porque jamás
se le dejó hacer el ensayo. Reglamentaciones y fórmulas, estos instrumentos
mecánicos de un uso racional, o más bien de abuso de sus dotes naturales, son
los grillos que atan a una persistente minoría de edad. Quien se zafara de
ellos daría sólo un salto inseguro por encima de la zanja más estrecha por no
estar habituado al movimiento libre. Por ello son pocos los que han logrado,
gracias a un esfuerzo del propio espíritu, salir de la minoría de edad y andar,
sin embargo, con paso seguro.
4. Pero, en cambio, es bien posible que el
público se ilustre a sí mismo; siempre que se lo deje en libertad es inclusive
casi inevitable. Siempre se encontrarán algunos hombres que piensen por sí
mismo, incluso entre los tutores instituidos del montón, quienes después de
haber arrojado el yugo de la minoría de edad propagarán el espíritu de una
estimación racional del propio valor y de la vocación que todo hombre tiene de
pensar por sí mismo.
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